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CASTILLO DE SANTA CATALINA. Jaén. Andalucía. España.

Castillo de Santa Catalina

Sobre la cumbre del Cerro de Santa Catalina se alzó ya en el siglo IX una antigua alcazaba de origen califal. Siglos más tarde, tras la conquista de la ciudad por Fernando III en 1246 se construyó el castillo cristiano que ha llegado hasta nuestros días.

El "Castillo de Jaén" es, en realidad, un conjunto de tres castillos o fortalezas que conforman un gran recinto, que ocupa casi toda la alargada cima del cerro de Santa Catalina. Las tres fortalezas o recintos, son el Alcázar Viejo, el Alcázar Nuevo (o Castillo de Santa Catalina) y el llamado Abrehuí, cronológicamente el más reciente.

Plano de todo el complejo
Los tres recintos formaban una gran alcazaba que, además de las guarniciones militares, estuvo habitada hasta la conquista de la ciudad por las tropas de Castilla, momento en que se despobló.
Alcázar Viejo.

Castillo y Parador Nacional desde el lado sur
En la época califal se construyó en el cerro una alcazaba, reformada en época almorávide hasta ocupar toda la cresta, mediante un recinto alargado cerrado por muros de tapial, con torres de planta cuadrada.

Parador Nacional desde la Torre de las Damas
El recinto fue abandonado paulatinamente después de la caída del reino de Granda, quedando definitivamente arruinado tras el paso de las tropas francesas, que lo incendiaron el 12 de septiembre de 1812.

No obstante, permanecieron construcciones, sin cubiertas, y paños de los muros hasta que, fueron arrasados para construir el Parador Nacional, en 1965. Los pocos restos de edificaciones y muros interiores que permanecieron en pie, se demolieron definitivamente, en su totalidad, en la ampliación del Hotel que se llevó a cabo en 1972-1974.

Parador Nacional desde el Castillo
Solo subsisten, por tanto, elementos de cerramiento exterior de la alcazaba, entre los que destacan la puerta principal, que es la que hoy da acceso al recinto, la Puerta del Castillo o Puerta Nueva.

Puerta del Castillo o Puerta Nueva
Era la puerta de acceso desde el interior del recinto murado de Jaén al Alcázar Viejo del Castillo de Santa Catalina. Está protegida por el Torreón Norte I, primero del primer tramo de muralla que baja desde el Castillo hacia la ciudad por su vertiente norte.

Presenta paso de guardia almenado, matacán sobre el vano de la puerta y arco con dovelas (de 1809, cuando se reconstruyó el Castillo para defenderse de las tropas francesas). En sus jambas, medievales, pueden observarse algunas marcas de cantero.
El aspecto actual del conjunto es consecuencia de la reconstrucción de 1965, cuando se levantó el Parador sobre el espacio que ocupaba el Alcázar Viejo.

Palacio islámico del Siglo XII.

El palacio dentro de, Alcázar Nuevo visto desde la Torre de la Vela
Dentro de lo que es el Alcázar Nuevo se han encontrado restos de un palacio del siglo XII, posiblemente construido por Ibn Hamusk tras arrebatar Jaén a los almohades con la ayuda de su yerno Ibn Mardenis (el rey Lobo) señor de Murcia.

Dibujo del posible salón de recepción del palacio
Concretamente los restos son los de un salón principal donde el gobernador recibía a otros dirigentes políticos, como imagen de su poder estaba ricamente decorado. La puerta de acceso era de doble arco de herradura con dovelas, unas decoradas con ataurique de motivos vegetales y otras pintadas en rojo.

En la Torre de las Damas se exponen los restos de una albanega central, decorada con el árbol de la vida y palmetas que cubren toda la superficie. Una cenefa epigráfica lo remata haciendo alusión a la entrada de los creyentes, temerosos de Dios, en el paraíso donde estarán entre fuentes y jardines.

El Castillo de Santa Catalina o Alcázar Nuevo se eleva por encima de los 800 m sobre el nivel del mar, a modo de sempiterno defensor de la ciudad. Es de primitiva traza árabe ampliada y modificada tras su conquista por Fernando III.

Aunque el Alcázar Nuevo fue mandado construir por Fernando III de Castilla, fueron Alfonso X y Fernando IV los reyes que intensificaron y culminaron las obras. Durante estas obras se construyen distintas torres como la Torre del Homenaje y la Torre de las Damas o se reforman otras como la Torre de la Vela o la Torre Albarrana con la construcción de la Capilla.

Reforma del castillo desde la Torre de la Vela

El Castillo en la actualidad
Durante el siglo XV se llevaron a cabo unas reformas impulsadas por el Condestable de Castilla Miguel Lucas de Iranzo, que dio lugar a la unión del Alcázar Nuevo y el Alcázar de Abrehy, separados hasta entonces por una explanada. Estas obras finalizarían con la construcción de la Torre del Homenaje.

Torre del Homenaje y Torre de las Damas
El Castillo de Santa Catalina consta de un recinto amurallado, casi triangular alargado, construido con diversos materiales como mampostería, sillarejo y ladrillo, defendido por seis torres. 

+
Arquitectónicamente, el conjunto que hoy se puede contemplar es una compleja evolución histórica formada por tres estructuras principales que ocupa unos 170 m de longitud.  

Plano del Castillo
Vista desde la Torre de las Damas
Este recinto, también llamado Castillo o Alcázar Nuevo, se asienta sobre la roca viva del cerro, y es uno de los tres recintos defensivos que constituyen el Castillo de Jaén.

Torre del Homenaje, lado oeste
Perímetro norte
En esta zona de la fortaleza encuentras la entrada a la misma.  Se accede al interior del alcázar a través de una puerta abocinada con arco ojival.

Arco de entrada
Desde el interior
En esta zona del castillo se encuentran tres torres, dos de ellas albarranas (de época islámica) y una tercera, junto a la puerta de acceso de construcción cristiana (Torre de las Damas).

Torres albarranas
Torre Albarrana (Capilla de Santa Catalina).

Torre Albarrana

Paso a la torre
La torre es maciza en la parte inferior y con una dependencia en la superior, alberga la Capilla de Santa Catalina, patrona de la ciudad. Fue mandada construir por el Condestable D. Miguel Lucas de Iranzo en el siglo XV, para celebrar los esponsales de su hermana, sacrificando las funciones defensivas en favor de las religiosas.

Torre albarrana. Capilla
El nombre de Castillo de Santa Catalina le viene dado por la capilla que se construiría en el castillo tras su conquista. La capilla de Santa Catalina de Alejandría es de estilo gótico, y fue construida entre los siglo XIII y XIV.

Capilla con Santa Catalina
Torre Albarrana.
La oriental, muy restaurada, tendría una función militar, careciendo de dependencia, por lo que conformaría un cubo macizo coronado por una azotea almenada. 

Torre Albarrana
Sería modificada en tiempos contemporáneos, construyendo una estancia en la parte superior.

Patio de Armas.
Es una gran superficie, y en él se encuentran restos de construcciones diversas, entre ellas dos aljibes y un bastión.

Patio de Armas
En el siglo XIX, a causa de la invasión de las tropas napoleónicas, el castillo sufre una serie de reformas con el fin de reforzar las estructuras defensivas.

Troneras para armas de fuego en el lateral norte
Cuando Napoleón Bonaparte entra en España y sus tropas llegan hasta la ciudad de Jaén, el Castillo de Santa Catalina fue modificado por ellas, que destruirían parte del aljibe, con objeto de albergar en su interior un polvorín, donde surgirían dos habitaciones usadas como caballerizas.

Edificio de las Caballerizas
Un hospital sería construido por los franceses, que se asentaron en el castillo durante la ocupación francesa, de tal forma que se realizaron varias reformas dentro de las cuales están los pabellones para el gobernador, una plataforma artillera o incluso un área de oficinas. 

Aspecto durante la ocupación francesa
A la salida de la ciudad los franceses volaron el castillo para que otras tropas no pudieran usarlo.

Aspecto actual
Torre de la Vela o de la Guardia.

Torre de la Vela
Situada en la punta del triángulo, en la zona este. Tiene forma pentagonal en proa, al embutir en su interior una antigua torre cuadrada islámica que aprovecha como almacén.

Torre Albarrana (izquierda) y Torre de la Vela (fondo)
Es la torre principal de vigilancia del castillo y por tanto, las vistas desde su terraza son espectaculares, abarcando toda la ciudad, las sierras y algunos municipios cercanos a la capital. Relacionada con esta función y su posición destaca el papel que tuvo como punto de comunicación con otros castillos y atalayas especialmente en momentos de peligro.

Se accede al habitáculo que contiene en su interior por un gran arco apuntado. En su interior se habilitó una dependencia adintelada y encima de ella otra pequeña habitación cubierta con bóveda de cañón apuntada, utilizada como almacén y dormitorio de la guarnición.

Arco de entrada
Las escaleras para subir a la azotea arrancan en altura. El nombre de la torre le viene a que desde su azotea, se emitían señales luminosas a otros puestos defensivos del entorno.

Todas las torres están comunicadas entre sí por adarves almenados.

Camino de Ronda con las dos Torres Albarranas y la Torre de la Vela
La prisión.
Estas dependencias fueron creadas durante la Guerra de la Independencia por el ejército francés junto a la Torre de la Vela.

La prisión
Estas tres celdas fueron una gran sala donde dormía la tropa. No fue hasta los años 1810 y 1811, cuando el ejército francés acondiciona este lugar como prisión donde hacinaban a los condenados.

Una de las celdas
Perímetro sur. Todo este perímetro carece de torres, salvo una (la Torre de las Troneras), al estar construido sobre un escarpe vertical.

Lado sur con la torre de las Troneras
Muralla sur
Torre de las Tronera

Torre de las Troneras
Esta torre alberga las antiguas letrinas, que eran utilizadas como retrete y vertedero de basuras en época medieval, así como lugar de aseo y baño durante la ocupación napoleónica. Las letrinas evacuaban a través de dos agujeros que tienen una caída de 35 m al exterior. Cuenta curiosamente además con un sistema de ventilación de malos olores, el aire entraba por la puerta en codo y salía por la pequeña ventana interior. 

Letrina
Hay en este paño una poterna con salida de la fortaleza que fue cegada en tiempos napoleónicos. La poterna o portillo del Castillo era una puerta secundaria de acceso a la fortaleza. Permitía a los ocupantes del recinto salir o entrar sin llamar la atención ni ser vistos en caso de asedio. Fue construida en época cristiana, y tapiada en el siglo XVI.

Poterna
Torre del HomenajeSituada en el lado oeste, servía de vertebración con la antigua alcazaba.

Torre del Homenaje
Una fachada exterior


Fachada interior
Construida en el siglo XIII en el punto más alto de la fortaleza, destacando de las demás por sus dimensiones y altura, tienes la  imponente Torre del Homenaje. 

Torre del Homenaje desde la Torre de la Vela
Una estructura de planta cuadrada, con 15 m de lado y 40 m de altura, construida con mampostería irregular y esquinas de sillarejo sobre un afloramiento rocoso, con tres plantas y terraza, con bóvedas cruzadas con arcos ojivales, y acceso desde el patio de armas que simboliza el poder defensivo de la edificación.

Torre del Homenaje
Acceso desde el patio de armas
La primera planta tiene entrada independiente a la Torre del Homenaje. 

Entrada a la primera planta
Está excavada en la roca y se comunicaba con la estancia superior mediante una trampilla en el techo. 

Trampilla
La sala está cubierta con cuatro bóvedas de ladrillo que confluyen en un único pilar central y carece de iluminación exterior, tendría una función de almacenaje. 

Pilar y bóvedas
El segundo piso se cubre mediante bóveda esférica de ladrillo sostenida en cada esquina por una columna de piedra. 

El acceso a la tercera sala como a la azotea se realiza por unas empinadas escaleras.

La tercera sala  tiene bóveda poligonal de ladrillo.

Bóveda
Esta planta tendría una función residencial. Aunque los alcázares no se utilizaron como  vivienda habitual, siendo residencia temporal del Condestable y su familia cuando, por ejemplo se propagaron los brotes de peste en la ciudad en 1467 y 1469. Aquí murió Luisa, la hija primogénita del matrimonio.

En 1473, tras el asesinato del condestable, Doña Teresa volvió a refugiarse en el castillo con sus cañados, para proteger su vida ante las revueltas que se sucedieron. Pero volvió a la ciudad una vez que pasaron estos sucesos. En 1475 los Reyes Católicos confirman la tenencia de los alcázares a Doña Teresa de Torres y su hijo Luis de Torres.

Recorriendo un pequeño lienzo de muralla se accede a la Torre de las Damas.

Torre del Homenaje y Torre de las Damas con el lienzo de muralla
Muralla y adarve con la Torre del Homenaje
Torre de las Damas.

Torre de las Damas
Se trata de la torre portera del castillo, es la torre que protegía la entrada principal de la fortaleza, y además sirvió de vivienda para parte de la guarnición de  soldados.

Camino de Ronda desde la Torre del Homenaje
hasta la Torre de las Damas
En su sala, cubierta por una bóveda de ladrillo, existe una exposición permanente sobre los restos arqueológicos del antiguo palacio islámico que existió en su interior.

Torre de las Damas. Interior
Las panorámicas desde las murallas del Castillo tienen una posición con una visión de 360º. 

Por un lado, la ciudad (con una Catedral de Jaén solo visible si vas a la Cruz Blanca)...

por otro, el Mar de Olivos extendiéndose hasta el horizonte... 

y girándose un poco más, la sierra.

Cruz del Castillo.

Cruz del Castillo
A escasa distancia, en el punto más elevado del Cerro de Santa Catalina, se levanta una cruz monumental que mandó colocar el Rey Fernando III al entrar en la ciudad en la primavera de 1246. 

Camino de la Cruz al fondo la Torre de la Vela
El jefe de sus tropas al entrar en el castillo, hincó su espada como signo de posesión, donde hoy se ubica la cruz. 

Cruz del Castillo
Conoció el rey este hecho y manifestó su júbilo por haber pasado esta tierra del dominio de los infieles a los cristianos y mandó hacer una cruz grande de madera que sustituyera a la espada clavada en la tierra. En un principio fue una sencilla cruz de madera.

De su renovación y cuidado se encargaron, por mandato del rey, las monjas del convento de las franciscanas clarisas, las cuales cumplieron el regio encargo a lo largo de los siglo. 

Vista de la ciudad
Hacia 1840 las monjitas no pudieron cumplir con el mandato y el obispo de la diócesis trasmitió el privilegio a una familia de Jaén.

Ciudad y Catedral
No obstante en 1950 siendo alcalde Alfonso Montiel Villar, solicitó a la citada familia que le permitiese cambiar la cruz de madera por otra de hormigón, que es la que hay en la actualidad.

Cuenta una antigua leyenda (recogida por Jorge Luis Borges) que en el Castillo Viejo existía un recinto secreto cuya puerta permanecía herméticamente cerrada por veinticuatro cerraduras. Según la tradición, cada rey que heredaba el trono añadía una cerradura propia con sus manos, manteniendo el contenido de la cámara oculto a los ojos de los vivos.

Puerta de entrada
Durante generaciones, los consejeros defendieron este secreto, advirtiendo que la puerta no debía abrirse bajo ninguna circunstancia por el terrible presagio que ello acarreaba. Sin embargo, la curiosidad y la ambición de un monarca que se apoderó del trono rompieron la milenaria tradición. 

Entrada de la prisión
Desoyendo las súplicas, el rey ordenó forzar las veinticuatro cerraduras para desvelar el tesoro que creía oculto. Al abrir la puerta con su propia mano, se encontró con una visión inquietante: figuras de metal y madera que representaban temibles guerreros árabes sobre camellos y caballos.

Acceso al castillo
En el fondo de la estancia, el rey descubrió una inscripción que profetizaba el fin de su dominio si alguien se atrevía a abrir la puerta del castillo. El texto advertía que guerreros de carne, idénticos a los de metal allí representados, se adueñarían del reino. La premonición se cumplió antes de que terminara el año, cuando Tariq ibn Ziyad se apoderó de la fortaleza, derrotando al rey y extendiendo el dominio árabe por toda Andalucía.

Torre de la Vela

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Como siempre te recuerdo, camina a tu aire(si te lo permiten) por los rincones de este bonito monumento, absorbe el alma secreta que la diversidad de culturas dejaron en su interior. No tengas prisa y disfruta de todo lo que te ofrece el lugar y su entorno...

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El Castillo de Santa Catalina se erige majestuoso sobre el cerro que domina la ciudad de Jaén, consolidándose como uno de los símbolos más significativos de su historia y arquitectura. Desde esta privilegiada localización, todo aquel que lo visite podrá disfrutar de las vistas espectaculares de las que goza.


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