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| Castillo de Dunnottar |
Las ruinas del Castillo de Dunnottar son espectaculares sobre todo por su ubicación. Enclavado en un promontorio rocoso y rodeado casi por completo por el mar, Dunnottar se alza majestuoso resistiendo el paso de los siglos.
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| Reconstrucción de la fortaleza |
Esta fortaleza en ruinas se eleva en un acantilado de la costa este de Escocia a 50 m de altura, a merced de las aguas del mar del Norte y casi inexpugnable de no ser por un estrecho sendero que serpentea hasta lo alto.
El castillo fue levantado en este impresionante lugar por el poder defensivo que proporcionaba siendo un enclave estratégico, en lo alto de un precipicio junto al mar.
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| La costa junto a la fortaleza hacia Stonehaven |
Por un lado, los habitantes controlaban las rutas marítimas y se aseguraban de que el enemigo no atacaría por agua (a menos que estuviera dispuesto a escalar las escarpadas paredes del acantilado). Por el otro, Dunnottar se encontraba junto a la única ruta terrestre que en el pasado conducía a la ciudad de Aberdeen.
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| Aberdeen. Mercar Cross |
Las ruinas de Dunnottar Castle (se distinguen perfectamente desde lejos), datan de los siglo XIV y XV. Y, aunque por este lugar pasaron pictos y vikingos, entre otros, poco se conoce del origen de Dunnottar como fortaleza.
La historia que sí se conoce comienza en el siglo XIV, cuando Dunnottar se convirtió en el hogar de los Keith, los condes Marischal.
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| Planta del castillo |
La poderosa familia restauró y amplió la fortaleza con un nuevo palacio en el siglo XVI para que fuera más cómoda, pero también más lujosa. Durante cuatro siglos el castillo perteneció a esta familia.
Los Keith recibían a huéspedes de la talla del futuro rey Carlos II, o en 1562 la reina Mary, reina de Escocia visitó el Castillo. Dos años más tarde volvería, esta vez con su hijo, el futuro rey Jaime VI.
Otro de los episodios clave en la historia del castillo tiene que ver con los Honores de Escocia, las Joyas de la Corona Escocesa: la Corona, el Cetro y la Espada del Estado.
En 1651, Carlos II se coronó rey de Escocia en Scone, y, para la ocasión, los Honores de Escocia viajaron hasta allí desde el Castillo de Edimburgo.
Sin embargo, dos años antes, Oliver Cronwell había ordenado ejecutar a su padre, el rey Carlos I de Inglaterra y de Escocia, aboliendo así la monarquía e instaurando una república.
En el momento de la coronación de Carlos II, Cromwell y sus tropas ya habían llegado a Escocia, dispuestos a poner fin también al reinado de este monarca y a destruir cualquier símbolo de la realiza.
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| Campos de alrededor |
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| Camino de entrada |
Era imposible devolver los Honores de Escocia al Castillo de Edimburgo en tan escaso tiempo, así que los escondieron en el Castillo de Dunnottar. Pero cuál fue la sorpresa cuando, tras ocho meses de asedio a la fortaleza, cuando Dunnottar sucumbió, y Cronwell no encontró ni rastro de las joyas. Las habían sacado con disimulo, entre sacos, y las habían enterrado en el cementerio de Kinneff. La Corona, el Cetro y la Espada sobrevivieron a aquel episodio.
En 1715, año del fallido levantamiento jacobita del Viejo Pretendiente. Los condes Marischal habían prestado su ayuda a la causa jacobita y, tras la derrota, considerados traidores, perdieron el castillo a manos del Gobierno inglés.
En los siglos posteriores, la fortaleza camibió de dueño varias veces, desintegrándose poco a poco... Hasta que, en 1925, Dunnottar cayó en manos de una familia dispuesta a restaurarlo y a abrirlo al público, los Cowdray.
El castillo tiene planta en L y posee como único acceso un estrecho canal de tierra que lo conecta con tierra firme, prosiguiendo por un escarpado sendero que conduce hasta la puerta fortificada.
La capilla, la forja, los establos, las bodegas, el palacio y una cisterna que servía para dispensar agua a los habitantes de la fortaleza, son algunas de las estancias en las que puedes adentrarte.
Una de las instalaciones más sombrías es la mazmorra Whigs' Vault, en la que 167 convenanters presos sufrieron un cautiverio en condiciones inhumanas de nueve semanas de duración.
Como siempre te recuerdo, camina a tu aire(si te lo permiten) por los rincones de este bonito monumento, absorbe el alma secreta que la diversidad de culturas dejaron en su interior. No tengas prisa y disfruta de todo lo que te ofrece el lugar y su entorno...
El Castillo de Donnottar parece que va a ser engullido por la vegetación que tapiza el acantilado, el tiempo (y varias restauraciones) han respetado los muros de la mayoría de edificios, poniéndotelo fácil para imaginar cómo debía ser la vida en esta fortaleza.